"Un gorrión que explota, ¿en qué se convierte?"
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| Foto: Luz Soria. |
Con la intención, más que propicia, de dar espacio a los trabajos que han compuesto la carrera profesional de la actriz protagonista de este rinconcito virtual que con tanto amor construimos, hoy dedicamos algunas líneas a la obra que dirigía Gon Ramos, Suaves, y que estuvo protagonizada por Esther Ortega y Carolina Yuste, en el papel de madre e hija. Queremos que aquella huella que recaló para siempre en quienes nos adentramos en esta historia que buceaba, con una firma autoral tremendamente personal, en las relaciones materno-filiales, tenga su eco en este blog que no puede no detenerse, aunque sea de manera breve, en aquel relato vivo que acogía el Ambigú del Kamikaze desde el 6 de febrero al 2 de marzo del pasado año.
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| Foto: Luz Soria. |
Una madre y una hija viven en el claro de un bosque. La madre es un animal de compañía, un perro. El padre es de azúcar, está desapareciendo. La niña trata de saber qué significa "vivir" en el medio de todo esto.
Suaves es una obra que mira directamente a la relación atávica, intuitiva y animal "madre-hijo/a". En ella hay un intento de curar esa culpa ligada a los lazos familiares, haciendo estallar el vínculo materno-filial, quedando así dos mundo separados para siempre, pero poseedores de una luz nueva y necesaria para empezar a vivir de manera radicalmente honesta.
En el alma de la obra respiran la tragedia y la poesía. En su lenguaje respiran las imágenes del sueño y del despertar. Pero este acto de despertar sucede en un lugar propio y a su vez extraño, como quien consigue volver a la casa donde creía que era imposible volver.
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Lo que nos sumerge en un universo fascinante colmado de simbología, encierra un camino marcado por la realidad, reconocible, de dos sentires profundos irremediablemente unidos: el de una madre y su incapacidad para aceptar la transformación que implica en el propio mundo el hecho de tener una hija y el de esta niña que, criada en un bosque inhóspito en circunstancias de aislamiento, sueña con darle sentido a su universo; ansía encontrar respuestas rodeada de ese río al que mira con curiosidad, con el miedo natural que envuelve lo desconocido y, a la vez, ese impulso en el que le laten las ganas de sumergirse de lleno. En ese vínculo entre madre e hija, la figura del padre -quien, con su ausencia, refleja una presencia constante- se torna indispensable para poder inmiscuirnos, como espectadores, en esa zona de sombras que se nos plantea a través de esta historia que provoca, sin duda, un debate existencial.
Desgranar lo que sucedía en cada función sería una tarea irrealizable por la complejidad de esta propuesta que se despoja de todo tipo de obviedades sirviéndose de un hermoso lenguaje que vehicula un viaje visceral entre dos personajes encarnados por dos animales de la interpretación que se desnudaban en cada representación con la fuerza de dos fieras en un duelo que queda para el recuerdo: convirtiendo en eternidad la palabra, el acto, el vuelo. Así recordaremos siempre este trayecto que nos llevó por lo más hondo de nosotrxs, a través de una obra valiente que huye de lo fácil y se decanta, contrariamente, por aquello que no siempre es grato.
La obra dejó de representarse en marzo del 2018 y desconocemos si volverá a programarse en un futuro más o menos cercano, pero lo que sí es aún posible es adquirir el texto -de imponente belleza- a través de la página web de ediciones antígona. Os animamos a perderos por las páginas de este Suaves, de Gon Ramos, con prólogo de Paco Bezerra, que os llevará aún mucho más allá de ese bosque recóndito donde madre e hija sufren, se aman, se hieren, se necesitan, se huyen, se duelen, se recomponen, SON.
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Y para terminar este post, que trata de ser homenaje a lo vivido en ese ambigú donde las emociones afloraron con fuerza inquebrantable, manifestamos nuestro deseo de seguir tomando asiento cada vez que Carolina Yuste pise escena vistiendo otras pieles, sabiendo que el teatro, templo del arte, es casa para nuestra actriz, nos parece apropiado acabar compartiendo estas líneas de Ingmar Berman: "El teatro es el hogar y los y las grandes creadoras lo saben y por eso vuelven, vuelven como sea a deambular por los escenarios, vivas, vivos o muertos, pero la certeza es que vuelven a él y lo ansían como Odiseo a Ítaca".





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