El año pasado entraba a la Sala 1 del malagueño Cine Albéniz para poder disfrutar del estreno de "Ciao Bambina", la ópera prima de Carolina Yuste y Afioco Gnecco; un cortometraje íntimo y personal que narra el proceso de transición de Afioco. Esta es la premisa, un poco escueta y bastante alejada de la profundidad y la hondura de un trabajo que va más allá de un proyecto cinematográfico, en realidad. Lo que vi en los 20 minutos que duraba aquel trabajo me mostró una realidad a la que siempre antes me había acercado desde otro lugar. Aquellos 20 minutos me aportaron visión; me permitieron una mirada diferente. Si bien el camino de la no-normatividad no está exento de dolor (probablemente más por el rechazo al que se ven sometidxs quienes ocupan unos espacios que no son los esperables de acuerdo a los estándares preestablecidos dentro de la "norma"), aquí hay una luz inmensa que transforma la herida en algo bello. Y recuerda la importancia de los cuidados, la elevación del AMOR. El relato, que rezuma verdad, se tiñe de luz; y cuando la oscuridad está presente, la claridad adquiere una dimensión aún mayor. Aquel mar inmenso nos recuerda que los miedos son parte del paisaje, imbatibles en muchos momentos y un espejismo otros tantos, pero siempre que haya un abrazo en la orilla la paz toma ese lugar entre dos cuerpos que se habitan con más amor desde el amor del otro.
Aquel viaje fue un regalo inolvidable; de esos trabajos que quedan en ti para siempre; que cambian algo dentro; que te hacen consciente y te llevan a mirar alrededor desde un lugar de mayor compromiso, que te colman de ese mismo amor que respira cada palabra, cada fotograma. Celebré, por supuesto, aquella Biznaga que ganaron como meses más tarde también hice lo propio con la nominación al Goya. Los premios otorgan visibilidad y pienso que en muchos casos permiten seguir a sus creadorxs en un camino nada sencillo de por sí; pero como espectadora lo que viví aún alcanza una dimensión mayor de lo que puede suponer la concesión de un reconocimiento, por muy merecido -por otro lado- que este fuera.
Me permito la licencia de la primera persona dentro de un espacio con carácter informativo, porque también pienso que escribir sobre trabajos con tanto compromiso y con tanto peso emocional despiertan una emoción de la que no te puedes despojar fácilmente, y no puedo escribir sin plasmar todo lo que a mi me mueve trabajos como este, incluso aunque pretenda alejarme y adoptar una posición más distante de la noticia. El Arte es una herramienta potentísima para conectar desde lo profundo y, cuando eso ocurre, sucede algo que trasciende a niveles estratosféricos. Cambia la estructura que habías construido, desancla y a la vez expande de una manera potente la propia mirada.
Ciao Bambina ha sido el comienzo de algo que ha evolucionado hacia un largometraje documental; en él Afioco y Carolina vuelven a situar la cámara en ese mismo territorio de lo íntimo, pero ahora lo ensanchan. Este cuerpo mío se estrenó en la Seminci dentro de la sección Tiempo de Historia. Quienes tuvieron la suerte de estar presentes en alguno de los pases que tuvieron lugar en el marco del festival vallisoletano seguramente recorrieron un espacio en el que se mostró el acompañamiento, el dolor, probablemente la incomodidad -el arte, más aún cuando refleja la realidad, debe hacerlo-, y la importancia del estar presentes; esa luz en el camino.
No cabe duda de que "Este cuerpo mío" nace, siguiendo la estela de "Ciao Bambina", de las entrañas. Y verdaderamente hay algo profundamente conmovedor en ese acto de confianza mutua: filmar al amigo, dejarse mirar por él, construir juntxs un relato donde la vida y el arte se funden. "Este cuerpo mío" parece continuar ese hilo invisible que ya trazaba el corto: el de los cuidados, la ternura y la posibilidad de hallar paz en la verdad compartida.
Decía Carolina, en uno de sus encuentros con la prensa a propósito del estreno de la cinta, que se trataba de una película de amor; "del amor de alguien que se elige con coraje a pesar del ruido, pero también de dos amigues que se eligen para encontrarse y seguir existiendo. Porque después de todo, después de la búsqueda, del desaliento, del miedo y del cansancio, lo que nos queda son aquellxs que nos sostienen".
Casi siempre hay luz en la herida. Quizá Este cuerpo mío no sea solo una película, sino una manera de construir ese lugar. Un espacio en el que el cine se convierte en refugio, en cuidado, en gesto de amor. Porque, al final, ese metro cuadrado no se mide en metros ni en límites físicos, sino en la posibilidad de existir en verdad, en luz y en calma.Y es ahí, justo en ese lugar mínimo e inmenso a la vez, donde el arte también encuentra su raíz: en mirar con verdad, en contar con luz.
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