sábado, 12 de septiembre de 2026
Lo de dentro
domingo, 31 de mayo de 2026
Fronteras: La geografía de las heridas
En este tiempo suspendido, en esta cuenta atrás que suma nervios y ganas, una curiosidad inevitable me lleva a observar a mi alrededor y conjeturar las distintas motivaciones que han hecho que hoy casi mil personas coincidamos en espacio-tiempo para hacer un mismo viaje juntxs que, a la vez, no será igual para ningunx. Quizás la garantía de asistir a una interpretación portentosa de la mano de sus dos protagonistas, Eneko y Carolina, para quienes conocemos el valor profesional que alcanzan de acuerdo a su carrera previa; quizás el sello de Andrés Lima, que ya en sí mismo es sinónimo de un teatro indómito y comprometido; o tal vez, simplemente, una alineación con esos valores humanos que deberían estar fuera de todo debate, sin excepción: la negativa universal a dejar morir a personas en los márgenes del mundo. Todo confluyendo, poderío elevado a la máxima potencia.
En realidad, las motivaciones que conllevan a la elección son sólo bosquejos de algo que creemos o esperamos que, por lo que sea, conecte, nos emocione, nos atraviese, nos rasgue o nos haga dudar. Pero lo que está a punto de suceder sobre las tablas es todavía un enigma absoluto, por más información que hayamos querido inyectarnos antes de entrar, en ese afán humano por anticiparnos leyendo más allá de lo que su evocador título ya representa. La magia del teatro es otra cosa. Nadie aquí es consciente, a 5 minutos del comienzo, de hacia dónde nos llevará lo que vivamos hoy en esta especie de ritual comunitario donde todo estará aconteciendo justo ahora y para todxs, con nuestra energía vibrando y construyendo en cierta medida. Nadie sabe hasta dónde llegarán los intérpretes, ni en qué lugar de nosotrxs resonarán sus diálogos con más fuerza ni en qué nivel el eco de sus voces y de sus acciones nos agotarán, nos enfadarán, nos llenarán de ternura, de amor, de rabia, de dolor, de enfado o quizás de indiferencia. En qué momento, si sucede, el verbo se hace incómodo de escuchar. Qué emoción despiertan sus existencias frente a nosotrxs. La magia es esta; el discurrir frente a ti de una historia mientras la recibes con el alma abierta.
Eneko y Carolina ocupan el escenario en este tiempo previo, antes de que la acción suceda. Sus cuerpos en movimiento sobre la escena hasta llegar a ese proceso en el que habitan al personaje. A entrar en sus dudas, sus miedos, sus convicciones y sus circunstancias, que nunca son ajenas.
La función comienza en 3 minutos. Se apagan las luces. Una voz en off pide que se desconecten teléfonos móviles; el ruido de fuera ya no importa. El silencio es total. El viaje comienza aquí y nos va a estallar de frente.
Nada de lo que pueda incluirse en estas líneas, por más honestidad con la que se envuelvan, hará justicia a la entrega catártica que lxs intérpretes ponen al servicio de la historia durante la hora y media de función. En lo que eso provoca. Absolutamente nada se parecerá, ni mínimamente, a lo que se vive cuando asistes a una obra que te atraviesa con cada aliento/desaliento.
En mitad de esa catarsis emerge ella. Aquella mujer siria a la que solo le pertenece un nombre que no quiere compartir en su intención de preservar lo único que cree del todo suyo; porque la guerra y el horror ya se lo han arrebatado todo. Hay en los ojos de Carolina una fortaleza preñada de rabia y dolor, una mirada inmensa que explica su sentir más allá de las palabras, sosteniendo la verdad de la historia también desde el cuerpo. Una corporalidad que habla, que se retuerce y que se convierte, en sí misma, en un grito devastador frente a la injusticia. Hay, desgraciadamente, en este personaje tantas vidas.
Tragedia. Devastación. Desolación. Nos adentramos en un entorno marcado por el terror de quienes lo imponen sin escrúpulos ni el más mínimo signo de humanidad. No hay futuro cuando están bombardeando tu ciudad, tu hogar, tu propio ser. Y en mitad de esa oscuridad, ella se agarra al arte como el único faro que mantiene vivo el deseo de cambio; un clavo ardiendo en mitad del abismo. Sobrecoge su determinación frente a una masacre tan cruel, su resistencia numantina como única alternativa frente a un régimen que no da opciones, que anula la existencia. No hay forma de elegir ser. La realidad nos golpea de frente: el mundo no nos pertenece a todxs.
Bombas. Más bombas. Fuerza indomable. Dolor. Mucho dolor. Asfixia por todo lo que le arrebatan: el impulso irrenunciable de ser, la raíz más pura. El estallido de nuevo. Un grito sordo que nadie llega a escuchar; que se pierde entre fronteras. La geografía marca lo que son y lo que somos.
La tragedia sucede allí, en Siria. Pero la tragedia es también la deshumanización de Occidente, en el otro lado del espejo. Afán de salvadores en esa empatía mansa que emerge en el mejor de los casos, cuando observamos la "otredad" desde la distancia de nuestra comodidad. Una empatía que, desde nuestro lugar, fácilmente muta cuando nos dejamos devorar por un engranaje productivo donde lo material arrolla cualquier valor humano. Resulta complejo mirarse en ese reflejo y reconocer el camino en el que, a veces, perdemos la esencia para encajar en un sistema que nos vacía por dentro, convirtiéndonos, únicamente, en lo que poseemos.
Abandono la sala con el eco de la función todavía muy presente. En el viaje de vuelta a casa, la comodidad de mi rutina adquiere otro peso, porque la obra te invita a mirarte de frente: yo soy Occidente. Soy esa espectadora que vuelve a su refugio seguro, a sus dinámicas protegidas, mientras la realidad ruge al otro lado del mapa.
Nos queda entender que nuestro lugar parte de un privilegio en el que las pequeñas acciones que están en nuestra mano pueden ya construir un mundo más cercano al que nos gustaría habitar. Un único mundo, el de todxs. Nos corresponde posicionarnos, y la única opción posible es hacerlo del lado de la vida, condenando categóricamente la crueldad y la deshumanización.
Pero es precisamente ahí, en esa grieta que te rompe las certezas, donde cobra sentido todo. Comprendo de nuevo que la inmensidad de la palabra admiración tiene que ver con esto. Con el agradecimiento infinito hacia una actriz que no busca el aplauso cómodo, sino que elige vaciarse en el escenario, prestar su piel y su alma para recordarnos lo que de verdad importa. La Yuste se vuelca con una generosidad y una humanidad tan desbordantes que es imposible salir indemne; te obliga a mirar la crudeza sin apartar la vista, transformándola en pura belleza, en un compromiso férreo con la vida y con la verdad. Magnético tándem con su partenair, Eneko Sagardoy, y vibrante la entrega de ambos en un ejercicio no sólo de talento, sino de compromiso total y absoluto.
Regreso a casa con más preguntas que respuestas, pero con la certeza de que, aunque el mundo sea tantas veces un laberinto hostil y deshumanizado, el teatro nos sigue salvando. Porque todavía es capaz de mover algo dentro de nosotrxs, de sacudir nuestros cimientos y de acercarnos un poco más a quienes creíamos lejanos.
Gracias, Carolina, por ser ese faro necesario, por arañarnos el alma y por recordarnos, con cada abrazo a la verdad, que solo cuando nos permitimos que nos duela la herida, es cuando por fin empieza a entrar la luz.
Este viaje no lo olvidaré nunca.
miércoles, 12 de noviembre de 2025
"Este cuerpo mío" y el ansiado metro cuadrado de paz
Ciao Bambina ha sido el comienzo de algo que ha evolucionado hacia un largometraje documental; en él Afioco y Carolina vuelven a situar la cámara en ese mismo territorio de lo íntimo, pero ahora lo ensanchan. Este cuerpo mío se estrenó en la Seminci dentro de la sección Tiempo de Historia. Quienes tuvieron la suerte de estar presentes en alguno de los pases que tuvieron lugar en el marco del festival vallisoletano seguramente recorrieron un espacio en el que se mostró el acompañamiento, el dolor, probablemente la incomodidad -el arte, más aún cuando refleja la realidad, debe hacerlo-, y la importancia del estar presentes; esa luz en el camino.
No cabe duda de que "Este cuerpo mío" nace, siguiendo la estela de "Ciao Bambina", de las entrañas. Y verdaderamente hay algo profundamente conmovedor en ese acto de confianza mutua: filmar al amigo, dejarse mirar por él, construir juntxs un relato donde la vida y el arte se funden. "Este cuerpo mío" parece continuar ese hilo invisible que ya trazaba el corto: el de los cuidados, la ternura y la posibilidad de hallar paz en la verdad compartida.
Decía Carolina, en uno de sus encuentros con la prensa a propósito del estreno de la cinta, que se trataba de una película de amor; "del amor de alguien que se elige con coraje a pesar del ruido, pero también de dos amigues que se eligen para encontrarse y seguir existiendo. Porque después de todo, después de la búsqueda, del desaliento, del miedo y del cansancio, lo que nos queda son aquellxs que nos sostienen".
Casi siempre hay luz en la herida. Quizá Este cuerpo mío no sea solo una película, sino una manera de construir ese lugar. Un espacio en el que el cine se convierte en refugio, en cuidado, en gesto de amor. Porque, al final, ese metro cuadrado no se mide en metros ni en límites físicos, sino en la posibilidad de existir en verdad, en luz y en calma.Y es ahí, justo en ese lugar mínimo e inmenso a la vez, donde el arte también encuentra su raíz: en mirar con verdad, en contar con luz.
sábado, 10 de mayo de 2025
Carolina Yuste, entre fuego y raíz
miércoles, 28 de febrero de 2024
InfoCarolinaYuste: 5 años online
martes, 17 de octubre de 2023
Justicia y Amor
La ficción es, en innumerables ocasiones, una oportunidad para conectar con lo que somos, con aquello que nos precede y a la vez nos contiene; una puerta hacia aquello que permanece en la sombra, y que cuando se acomoda ahí genera un ruido insostenible y una falta de conexión con el espacio que habitamos, porque en ocasiones es más cómodo situarnos en un presente carente de historia. El enfoque en lo invisible, la luz; esto es la ficción a veces y por estos motivos -entre otros muchos-, su valor es inconmensurable. Entrar en ello supone conocer, ser más conscientes, (re)descubrirnos, encontrar referentes, perdonarnos, abrazarnos y mirar diferente. Engrandecer el AMOR; darle sentido dentro de este sinsentido en el que a veces gira un mundo bien provisto de oscuridad y odio. Creemos que no hay nada más poderoso que aquello que una ficción comprometida consigue; ese resurgir desde lo profundo de repente nos acerca a nosotrxs mismxs, nos emociona, nos conmueve y nos cambia la mirada hacia lo que nos rodea; ese alrededor que es sostén y vida y del que a veces renegamos, vencidxs por el miedo y dejándole espacio al desprecio.
En este compromiso necesario en el que hay ficciones que encuentran su lugar, haciendo que la cultura adquiera un peso y una dimensión aún superior a lo que es consustancial al propio término en sí, Las Noches de Tefía late. Y nos habla de represión absoluta, de una realidad no muy lejana que carece de brillo por lo injusto, que hoy se traduce en algo más que una vivencia tristemente heredada. Las Noches de Tefía salva del olvido a los campos de concentración franquista que existieron en un paraje desértico de Fuerteventura entre 1954 y 1966 y que fueron conocidos con el eufemístico nombre de Colonia Agrícola Penitenciaria, uno de tantos lugares donde el régimen enviaba a los condenados por la ley de vagos y maleantes que, a partir del 54, fue implementada para incluir también a los homosexuales.
Para sobrevivir a ese infierno en el que no cesaban las torturas, los abusos y la violencia en sus múltiples formas, la salvación la otorga la fantasía. Cada noche, el Tindaya es clave para dar paso a los deseos y los anhelos de aquellos presos cuyo delito mayor fue amar, ser quienes en realidad eran. La imaginación los lleva a pisar este cabaret de ensueño donde no hay necesidad de crear una máscara para lograr sobrevivir; un espacio de libertad y amor donde no hay límites.
Se abre el Tindaya y la vida sucede, alejada del ruido, del odio y de la injusticia. Agarrarse a la imaginación como si de una tabla de salvación se tratara para poner en pie la propia existencia cuando el miedo acecha. Y es aquí, desde este mundo onírico, donde podemos descubrir a Nisa y todo lo que representa; la lucha de aquellas mujeres que debían hallar camino en una sociedad que les negaba su lugar. "Cuando una defiende lo que es justo, ilumina", oíamos decir a Carolina Yuste en las diferentes promociones que hacía antes del estreno, y creemos que es una frase que sintetiza a la perfección aquello que Nisa simboliza; la justicia, la luz y, sin duda, el amor.
Es poderosísimo que existan ficciones que conecten tanto con lo realmente importante y que hagan uso de esta capacidad para hacernos reflexionar sobre el camino andado, sobre aquello que aún queda y sobre lo que queremos construir. Todo lo que respira en Tefía no nos es ajeno, porque habla del lugar del que venimos y de lo que somos, y la manera en que nos relacionamos con un mundo aún tristemente repleto de desigualdades habla también de nuestra responsabilidad con la sociedad que nos gustaría habitar.
Y lo hemos explicado muchas veces, con el orgullo que nos supone poder decir que somos seguidorxs del oficio hermoso en el que Carolina pone el corazón y el alma; y es que, más allá de su manera de habitar al personaje -que siempre nos emociona y nos llena enormemente-, es su manera de hacernos vibrar con historias que despiertan algo a un nivel profundo y que se traducen precisamente en mirar a esos lugares que permanecían bien ocultos. Porque es así: poder disfrutar del talento de Carolina Yuste y entrar en los diferentes universos que su trabajo nos permite es un regalo, que aún aumenta su valor cuando se trata de proyectos en los que el compromiso social va tan ligado a la trama en sí misma, a los lugares que se nos muestran; en los que se suceden cuestiones que nos hacen replantearnos cómo habitamos el mundo y de qué manera podemos contribuir a hacer de este un lugar más sano y más amable, desde nuestro pequeñito espacio vital.
Nos apetecía dedicarle algunas líneas a esta serie que ya vive para siempre en nosotrxs y qué mejor día que este, en el que Las Noches de Tefía ha resultado ficción ganadora en el MIPCOM de Cannes a los Diversify TV Awards por su visibilidad LGTBIQ+. ¡Merecidísimo reconocimiento para una serie necesaria que puedes disfutar en Atresplayer Premium!
domingo, 12 de diciembre de 2021
Carolina Yuste y el ciclón de emociones
| Fotografía de Concha Ortega. |
martes, 10 de agosto de 2021
Amy, nuestra artista de guerrilla
"El cover" es una peli con Alma. Es la frase que más se repite entre las críticas, reseñas y opiniones que vierten público y prensa acerca de la ópera prima de Secun de la Rosa. Coincidimos plenamente en este análisis, que a nuestro modo de ver encierra mucha esencia en apenas unas palabras: En ese Benidorm que se retrata en la película y que se respira en cada fotograma donde ritmo y vida confluyen con deliciosa sintonía, como si se tratara de un cabaret de ensueño donde el dolor, también presente, se acepta. Pero con una premisa como leitmotiv: seguir caminando. Frente a las adversidades y errores, hay que saber recuperarse y sobrellevar las cicatrices. Hay una técnica japonesa, el kintsugi, que consiste en reparar con oro las roturas de un objeto, sin esconderlas ni ocultarlas. Cicatrices de oro que dan más valor al objeto porque nos habla de su pasado, su transformación y su historia. Porque ya no sólo se trata de la presencia del metal precioso sino de la singularidad del objeto resultante: diferente e irrepetible. El valor de nuestras imperfecciones. Y sí, detrás de estxs "artistas de guerrilla" que luchan cada noche por conseguir que sus canciones se escuchen, hay muchas imperfecciones: hay historias y vidas que laten con fuerza, hay sueños y tropiezos, hay aciertos y errores. Pero todxs vuelven cada noche a entonar la canción con alma y corazón, haya una o 10.000 personas escuchándolxs.
La herida presente en Margarita marca también su camino y, seguro, su manera de sentir. Frágil, vulnerable, y con una sensibilidad que la coloca en un lugar concreto: permeable al daño, pero con una ternura que encierra su verdadera fuerza. Con una mirada noble que esconde dolor, pero también belleza. Se viste de Amy y de repente el mundo parece un lugar seguro. Fingir para escapar de una realidad que resulta dolorosa. Enterrarse en capas para poder caminar con fuerza. Cubrir su identidad con una capa de aliento sobre la que reposa el daño presente, la herida. La escapatoria: jugar a ser otra. Amy, nuestra artista de guerrilla: hay en ti dolor, pero lo transformas en algo bello que rebosa en ti: el Amor. Y esa es la manera más bella de caminar por la vida.
Y tras ella, Carolina Yuste, tiñendo de honestidad un nuevo personaje. Esta Amy estaba hecha para ser desde ti, no tenemos duda. No solamente emocionando con un "Back to black" colmado de corazón y alma, donde el respeto a la obra y a la artista prevalece y puede sentirse: en cada nota, en cada gesto, en cada mirada -su voz se nos queda para siempre grabada, con esa vibrante fuerza de quebranto ronco y ternura deslumbrante-, sino empapando de vida a un personaje en el que en cada capa resuena verdad: el daño, la sensibilidad con la que acunas lo que sucede alrededor, la belleza que encierra la propia fragilidad y la fuerza silenciada con la que afrontas el sendero sobre el que transitas. Avanzas creyendo inexistente esa fortaleza interna, impalpable pero viva, que te permite seguir caminando, pese a las adversidades. Ojalá te abraces y celebres el sonido de tu libertad, desde ti misma, desoyendo las voces que interrumpen tu paz. Ojalá la vida nunca más te pese y la palabra incomprensión no tenga cabida en tu realidad. Hay en ti tantas mujeres, que la verdad se impone en tu latido. Te reconocemos en el nuestro, Amy, querida artista de guerrilla.
miércoles, 9 de junio de 2021
Festival de Málaga 2021
Este año el Festival de Málaga ofrece una nueva galería de gamas y visiones, con identidad propia y compromiso, que respiran en el corazón de las películas presentadas en el marco del certamen. Siendo un festival que cada año toma más fuerza y se asienta como uno de los más importantes del país, suma aún más al orgullo -ya bastante henchido- que supone nuestro camino compartido con la protagonista de este espacio, que ahora nos lleva a transitar por este festival de cine con la inmensa alegría de poder celebrar la presentación de tres películas que en su reparto cuentan con Carolina Yuste. Más ahora, con lo difícil que es hacer cine, esta es una noticia que nos llena el corazón de emociones bonitas. Hemos podido presenciar in situ el evento y sentimos el alma más viva. Qué magia la del arte y qué increíble presenciar el de Carolina, que nos lleva a volar con sus personajes, cada vez más lejos.
El jueves 3 daba el pistoletazo de salida la ópera prima de Secun de la Rosa, El Cover, que nos transportaba al particular microcosmos de Benidorm, donde los "artistas de guerrilla" persiguen sus sueños escudados en una máscara tras la que sus miedos se funden en una irrealidad construida; la que, de alguna manera, les imprime un aparente aplomo o valentía que se mantiene el tiempo que dura la canción interpretada. Cantar, como vivir. El público, desde sus asientos, determina con el fin de la última nota si lo presenciado merece el aplauso o el escarnio. Jugar a ser otrxs para permitirse ser unx mismx. Las aparencias, el significado que encierra la palabra éxito y la importancia de aceptar el fracaso como parte del camino. Hay mucho tras estos artistas de guerrilla que no están muy lejos de lo que somos. Impagable esa Amy Winehouse, a la que Carolina le regala el latido, en la que la fragilidad y la ternura conviven en un cuerpo que se siente más cómodo habitando el de otra. Mantendremos en la retina esa escena en la que, por primera vez, se muestra ante Sandra -interpretada por Marina Salas-, recordaremos siempre la verdad en los ojos de una Carolina que, nuevamente, traspasa. La sociedad y su influencia en cada unx, el marcar del camino. Las sombras y las luces; en el escenario y en el camino que recorremos cada día. Lo que nos gusta de #ElCover no es sólo todo eso que esconde cada secuencia, que no es poco, ni el homenaje a la música y a esos artistas que luchan por construir sus sueños con tesón. Lo que más nos gusta es que tiene lo que debe tener una obra como esta: alma y corazón.
El Cover se estrenará el 23 de julio en los cines. ¡Y los vamos a llenar!
Días más tarde llegaba el turno de "Sevillanas de Brooklyn", una comedia de Vicente Villanueva; romántica y familiar, pero no carente de crítica social. A través de la llegada de Ariel -interpretado por Sergio Momo-, un estudiante de inmersión lingüística que tendrá que vivir temporalmente en una familia un tanto peculiar, nos adentramos en las diferentes situaciones que se van sucediendo. El buen rato está más que asegurado, una comedia desternillante que nos regalará mucha risa pero que a la vez usa el humor como herramienta para conducirnos a importantes reflexiones con cariz social: los prejuicios, la precariedad y el racismo, como ejes centrales en una película que, en su fondo, nos presenta la cruda realidad de una familia con pocos recursos económicos que tendrá que sobrevivir en una sociedad capitalista donde la posición social te ubica en un lugar muy determinado. De Ana, el personaje al que interpreta Carolina, podríamos hablar mucho, pero es justo destacar la evolución; la que le lleva a fortalecer ese sentimiento de pertenencia a los suyos. De su mano, y a través de sus ojos tan llenos de tanto, vamos transitando por diferentes sentimientos que la atraviesan por dentro y sabe reflejar: la vergüenza, la rabia, el enfado, el amor, la valentía, el coraje. El tándem que forma con Estefanía de los Santos, la actriz que da vida a su madre en la ficción, es toda una joya.
La película tiene todos los ingredientes para triunfar y es firme el convencimiento de que la increíble acogida que tuvo la película en el Festival de Málaga, donde se presentó en Sección Oficial fuera de concurso, es sólo el inicio de un periplo largo y lleno de éxito que comenzará su rumbo el 20 de agosto en cines. ¡Maravilla!
Mañana es el turno de Chavalas. De momento, no podemos negar la emoción ni la certeza de que este es el cine que nos gusta ver; en el que Carolina nos regala verdad y vida a través de historias comprometidas con temas sociales y humanos, que no nos deben ser ajenos. Y terminamos con sus palabras y el orgullo de seguir una carrera que liga el compromiso con un desarrollo artístico a un nivel estratosférico. Qué bonito cuando las cosas están tan llenas de corazón. "Me gusta hacer cosas que tienen que ver con lo social, con una crítica, con elevar, con poner en su lugar las cosas, o que de repente genere espejos y focos en extractos de la sociedad a los que la gente no mira".
lunes, 4 de enero de 2021
Balance de 2020
“Ay, amigo Doraemon, ¿tienes algo en tu bolsillo mágico para hacerme volar?”. Dismorfia. “¿Por qué Tinky Winky se alimenta de un engrudo rosa?”. Potomanía. “¿Batman come hamburguesas?”. Vigorexia.

















