sábado, 10 de mayo de 2025

Carolina Yuste, entre fuego y raíz

La fragilidad expuesta sin miedos, resignificando el sentido del arma como símbolo de acción en positivo; mostrarla ante la vida para habitarla desde la verdad; el único modo de ser. La ternura de un alma que conecta con el mundo del otro, como si no fuera ajeno el sentir de quien tenemos en frente. Reconvertir las realidades ajenas en caminos donde detenerse con respeto y cuidado. La amplitud de miras como sinónimo inequívoco de riqueza. Las grietas por las que la luz se cuela en cada herida, reconvirtiendo el dolor del pasado en una mirada de comprensión hacia el mundo; el propio y el compartido. 

Desde que el trabajo de Carolina se ha convertido en parte de nuestro mundo, hace ya años, de alguna manera algo se ha expandido con una fuerza poderosa. Tiene que ver con entender el juego de la vida desde el amor profundo. No exageramos cuando decimos que, de alguna manera, su trabajo y su manera de habitar el oficio y la vida desde la convicción de quien cree que este mundo sólo funciona con amor, ha cambiado nuestra manera de enfocar la lente en la mirada que lanzamos al exterior. 



Cada viaje ha sido un regalo que ha ido añadiendo una visión concreta y cada vez más completa de este Universo poderoso que compartimos. Estos últimos meses Nueva York ha sido un escenario en el que habitábamos los sueños para convertirlos en carne y vida, para que en el alma resonaran como si de repente fuéramos capaces de ir más allá de todo para desatrapar los miedos y guiarnos por la esencia. Hemos entonado La Canción para, en su melodía, poder viajar de vuelta a un pasado que cuenta también lo que fuimos y, en parte, lo que aún somos: la necesidad de lucha por la libertad, las opresiones y la desigualdad. Hemos reconocido y descubierto historias silenciadas, por lo impuesto en una sociedad que abocaba al silencio y a la oscuridad el papel de la mujer, en sus diferentes roles. Hemos mirado desde la luz que Carolina proyectaba vestida de otras mujeres. Nos hemos adentrado en el proceso emocional de quien tiene que hacer frente a un sistema que envuelve de trabas el camino para, simplemente, poder ser quien en realidad es. A veces, nos hemos quedado en la orilla mientras observábamos el mar por el miedo que causaba el oleaje. Otras, nos hemos bañado incluso con bandera roja; a pesar de los juicios de quienes pensaban que no debíamos y los riesgos que entrañaba la marea. Pero ahora sabemos que tanto una decisión como otra están bien. Y la abrazamos. Y la celebramos. 

Hay en Carolina fuego y raíz. Fuego, porque hay un torbellino de furia que a veces quema dentro cuando miramos los rotos de un sistema que se sustenta a veces desde lo injusto, lo inhumano y el odio. Hay raíz porque hay verdad, porque hay anclaje a la esencia y a lo bello que también nos envuelve y una manera concreta de habitar este universo desde lo que es ella en lo profundo, sin artificios. Y todo eso se refleja en lo que hace y en lo que nos llega; en ese viaje profundo en el que nos sumergimos cuando nos asomamos a una nueva historia que, -siempre ha ocurrido-, nos atraviesa, nos eleva, nos mueve y nos conecta. 

Hace poco cumplimos 6 años detrás de este espacio regado con amor y en este tiempo no hemos hecho más que sumado motivos para que este lugar tenga sentido: ha bastado seguir descubriendo el trabajo de Carolina para entender por qué. Algunos de ellos hemos tratado de expresarlos con palabras, como si estas alcanzaran a contener lo mucho que su trabajo nos ha regalado en la vida. 

Y sabemos con certeza que seguiremos para seguir descubriendo lo que viene, con el corazón preparado para seguir recibiendo amor en forma de historias. Para hacer con ello parte de nuestro lugar en el mundo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario