Un patio de butacas lleno emocionándose con la vida delante, abrir puertas a otras realidades que permanecían invisibles, descubrir aquellas otras caras del mundo que no siempre se cuentan, el corazón palpitando con fuerza durante toda una proyección -más lleno de vida, de sensibilidad, de empatía, de tolerancia-, el poso infinito que queda incluso cuando culmina la escena y que nos hace conectar con la convicción de que aquello a lo que hemos asistido es mucho más que una función o una pieza de cine. Persiste y lo hace con la fuerza de la verdad contada. Porque todo esto tiene que ver, irremediablemente, con un cambio en la mirada, con algo que a menudo hace tambalear los cimientos que creíamos sólidos y que habían representado una estructura que quizás suponíamos inamovibles, pero el cambio, por suerte, forma parte de lo humano y nos hace avanzar. El camino que elijo para crecer y construirme como ser humano, cada día lo tengo más claro, tiene mucho que ver con la carrera artística de Carolina, con los relatos que componen sus trabajos y, en ella, encuentro un motor que traslado a lo personal: la ficción y la vida nunca están lejos. Vi la belleza que habita en los márgenes, la importancia de lo justo, el compromiso con los derechos humanos como pilar básico para sostener una sociedad a menudo tan anclada en el odio.
Cada trabajo de Carolina es un viaje a lugares en apariencia lejanos que, paradójicamente, nos acercan: a través de ellos nos enfrentamos a nuestros propios fantasmas y sentimos, de alguna manera, que somos parte de una humanidad que nos pertenece. El primero de esos viajes lo inicié, hace ya 5 años, y supuso la creación de este espacio virtual que hoy está de celebración, y desde ese momento mi admiración por su trabajo y el amor con el que lo recibo sólo ha ido a más. Cada trabajo es un regalo que guardamos para siempre, porque siempre es posible; volver de nuevo al cabaret con Nisa a soñar en alto y sin miedo, abrazar la diversidad con el mismo amor con el que miraba Paqui, respirar Benidorm para liberarnos de nuestros límites y resignificar el éxito con nuestra Amy de guerrilla, volver a la raíz y habitar los espacios con la determinación y la valentía con la que pisaba el mundo Desi, comprender la magnitud del CUIDAR recordando la entrega y el cariño que habitaba en Conchita, asumir la complejidad del mundo y nuestra parcela privilegiada, pero no exenta de responsabilidad, desde todas aquellas mujeres representadas por Carolina que habían vivido la explotación y el abuso diariamente... Todas ellas nos contienen y también marcan, en alguna medida, nuestro recorrido en el mundo. Hacen igualmente que este blog adquiera sentido y forma. Porque, sin duda, todo esto, se traduce en el amor infinito con el que este espacio existe cada día. Con la emoción con la que recibimos los nuevos proyectos, las noticias que compartimos y las horas que llevamos sumadas para que este lugarcito tenga vida y siga creciendo, en paralelo con la carrera de una actriz que nos hace, con cada uno de sus trabajos, creer que un mundo más bonito es posible, a pesar del odio. Y eso es poderosísimo.
Gracias, Carolina, por tu alma en cada paso. Por compartirlo. Por regarnos de amor, en todas sus formas.

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